A trabajar se va con pantalón largo. Sin discusión posible.

El finde bermudas pase lo que pase (jódanse, porteros de discoteca).

A la playa en bañador.

Porque es que el bañador mola mucho. Mola un montón. Y cuando decimos “a la playa en bañador”, no nos referimos sólo a la combinación de agua y arena (o piedra, si sois de los raritos que odian la arenilla, como un servidor).

En verano en bañador corto

Para nosotros la playa es toda localidad costera cuyo fin último es servirnos de refugio vacacional.

Es decir, a Mercadona en bañador. De copas en bañador (sigan mirándome mal, señores porteros, y tendremos un disgusto. O más bien lo tendré yo, seamos realistas). A comer con los suegros en bañador (culpa de su hija por elegir mal, no tuya por ser natural y desenfadado). Y, por supuesto, al agua en bañador. O no. Depende de la hora, la compañía y el estado etílico. Ya tu sabeh.

Los bañadores son prendas jodidamente bonitas en muchos casos, así que saquémosles partido, anda. Y de paso, acabemos con esos surferos de mentirijilla que llevan el bañata por debajo de la rodilla y con calzoncillos.

El bañador más bien escaso, por favor. Pero sin llegar a la braga náutica.

El bañador en verano corto

Admitidlo, muchas veces estáis más guapos durante el día con vuestro traje de baño y camiseta con motivos marineros a juego que cuando salís por la noche. A mi me pasa, y eso que soy un dechado de buen gusto. Pero claro, con el calor, el sudor, las aglomeraciones… Uno lo acaba pasando mal embutido en unos vaqueros, aunque vaya sockless y con camisa de lino. Así que lo mejor, tirar de bañador, que además rima.

Y ya veréis cómo levantáis miradas, pasiones y desafectos. Porque pasar desapercibido es de COBARDES. Sí, en mayúsculas.