“Odio ir de compras”. Así empezaba uno de los artículos del último número de “Icon” que me dejó reflexionando sobre las compras en el mundo de los hombres. Si hay algo que tengo claro es que los hombres que disfrutan de las ofertas fashionistas son cada día más, hombres de chinos y camisas de cuadros, o de tirantes y vaqueros ajustados, de todos los tipos y de todos los gustos van a las tiendas en búsqueda de sus modelitos y con muchas menos preocupaciones que las mujeres.
De hecho un hombre tiende a comprar principalmente porque tiene muy claro lo que quiere, mientras que las mujeres buscan un short vaquero, por ejemplo y por ponernos veraniegos, y tienden a dudar mucho más o a esperar a que lleguen las rebajas, mientras que el hombre tiende a comprar al momento, siendo un cliente fiel y que se lo piensa menos para pasar la tarjeta, cosa que las marcas de moda han sabido aprovechar desde hace tiempo. Quizás sea ésta la razón de que muchos de los productos de moda para hombres suelan valer entre 15% o 20% más que las prendas femeninas.

Hombres temerosos de comprar

Vía Le 21 Eme

Que las prendas para hombre son más caras podemos verlo fácilmente en tiendas como COS, o la línea H.E. By Mango, algo que nunca me ha parecido ni me parecerá justo. Quizás por la promesa de que tengan mayor calidad, promesa que se queda en eso y poco más porque muchas veces las piezas tienen tan mala calidad que en cuanto la vemos en nuestras manos parecen tener un sexto sentido y decirnos “¡SUELTA ESO POR EL AMOR DE DIOR (HOMME)!”. Por ejemplo, la semana pasada al entrar en una tienda de una reconocida firma low cost sueca, me encontré que un suéter de lunares ni siquiera tenía la tela de lunares sino que habían sido hechos mediante un estampado similar al que se usa para las típicas camisetas que nos acompañan cada verano y desaparece entre lavado y lavado, por un precio aproximado de 40€; mientras, en la sección femenina, un suéter muy parecido estaba hecho en una tela de lunares y costaba 25€. Automáticamente mi respuesta fue no volver a entrar a la tienda, (cosa que obviamente es una quimera, volveré a entrar). Sin embargo no todos los hombres son como yo, y quizás cosas como éstas, las infinitas colas y el ver como sus mujeres les quieren convertir en David Beckham, o como mi compañero y redactor Borja Agramunt, componente del dúo de DJs Kaspar & Hauser, hayan hecho que muchos hayan decidido retirarse a la comodidad de sus casas y ordenadores para hacerse con sus prendas.

Net a porter, comprar para hombres

No son simples especulaciones, de hecho como indican en Icon, MR. Porter, el famoso hermano de la firma Net A Porter, ha demostrado que el cliente masculino es fiel, compra y además invierte, tanto así que la tienda online ha crecido tanto como para poder desarrollar su propio magazine online (la tienda online cuenta también con una edición en papel llamada Porter que entre sus portadas ha contado con Lady Gaga fotografiada por los grandes Inez & Vinoodh) donde además animan al comprador a subir una foto a sus redes con lo que han comprado teniendo la posibilidad de salir en su blog. Con lo que cuesta cada cosa en la web me parece lo más justo del mundo, pero ésta no es la única prueba. Como os comentaba antes en este blog, las pasarelas de moda para hombre cuentan con calendarios cada vez más extensos y colecciones cada vez más amplias y trabajadas. Por ejemplo, en su presentación Armani contó con casi 90 salidas, y Miuccia Prada anunció la apertura de 30 tiendas más (ya cuentan con 20 a nivel mundial) dedicadas única y exclusivamente al público masculino.

Las compras y los hombres

Prada SS15

¿Entonces qué es lo que falla? Si el hombre es un cliente fiel, al que le gusta invertir, y que además sabe comprar de manera inteligente (¡ALGUNOS!), ¿por qué no disfruta de ir de compras? Según mi teoria porque los hombres somos bastante caprichosos y nos gusta sentirnos cómodos a la hora de comprar, sentir que las prendas nos quedan bien (¡no todos tenemos el cuerpo de David señores!) y que además podemos estar todo un día con ellas sin sentir que nos estamos asfixiando o por el contrario que se nos cae, pero todo esto se convierte en una tarea larga y aburrida que se acaba delegando, dando como resultado un hombre temeroso de las compras.