Valencia, mayo, calorazo, que no caloret, y un servidor revisando éxitos noventeros como el intrigante Scatman (de nada).

Miro el reloj, miro por la venta, suspiro… Y me dejo de gilipolleces que tengo calor. Y tengo calor porque aunque ya no lleve calcetines, me haya dejado la americana en casa y tenga el aire acondicionado a todo lo que da, echo algo de menos. El lino. Ya estuve comentando en el último número de Valenciamoda que quiero oír el crujido del lino, y hay que aplicarse el cuento, hombre ya.

Me gustan las mujeres y me gusta el lino, soy un truhán, soy un señor y un majnífico vividor. Con jota, sí.

Me gusta el lino para trajes, para camisas, para americanas de petarlo muy fuerte, para pantalones de petarlo aún más, para looks marineros en blanco y marino, para darle fuerte al terraceo, para pasea con una preciosidad del brazo, para sentir Valencia, porque Valencia es el roce del lino sobre la piel.

¿Te ha quedado claro?